
Las tres van detrás de una lancha y las tres acaban, casi siempre, con alguien en el agua. Lo que cambia es cuántos van, cómo se agarra uno y cuánto se controla el recorrido.
Entre banana, donut y kneeboard, la elección la marca el grupo. La banana es para cuatro a seis personas sentadas en fila; el donut, para una o dos personas tumbadas o sentadas sobre un flotador redondo; y el kneeboard, para una persona de rodillas sobre una tabla, con monitor. Las tres se hacen remolcadas desde una lancha y con chaleco obligatorio.
La banana y el donut se contratan por grupo y son de diversión pura: el piloto decide el recorrido y lo normal es acabar en el agua. El kneeboard es más deportivo, porque quien va encima controla la tabla y aprende algo. Si van niños, la banana con un adulto al lado y pidiendo al piloto que vaya suave es la opción más tranquila.

La banana es un flotador alargado en el que se va sentado a horcajadas, uno detrás de otro, agarrado a las asas que quedan delante. Cabe un grupo de cuatro a seis personas. El donut es un flotador redondo para una o dos personas, que se agarran a las asas y van rebotando sobre la estela de la lancha con bastante más movimiento lateral.
El kneeboard es otra cosa: una tabla corta sobre la que se va de rodillas, sujeto por una cinta en los muslos y agarrado al cabo de la lancha. Es la forma más fácil de empezar en las actividades remolcadas de tabla, antes del esquí acuático o del wakeboard. Se hace en turnos de quince minutos, con monitor y con todo el material incluido.
Para una cuadrilla de amigos, una familia grande o una despedida, la banana: van todos a la vez, se ríen juntos y las caídas son colectivas. Para una pareja, o para un padre con un hijo, el donut, que admite una o dos personas y se vive más cerca, con más botes. Las dos se contratan por grupo, no por persona suelta.
Para quien prefiere hacer algo por su cuenta y con cierta técnica, el kneeboard. No depende de que se junte un grupo y deja la sensación de haber aprendido algo. En grupos mixtos funciona bien combinar: unos en la banana mientras otro prueba el kneeboard, o el donut para los dos que no quieren ir en grupo.
En la banana, sentado con las piernas abrazando el flotador, las dos manos en las asas y el cuerpo algo echado hacia atrás. En las curvas, todos se inclinan hacia el mismo lado, hacia el interior, como en una moto. Si cada uno se mueve por su cuenta, la banana vuelca antes. Los pies, relajados y sin engancharlos en nada.
En el donut se va tumbado boca abajo o sentado, según el modelo, con las manos bien firmes en las asas y los codos algo doblados para absorber los botes. En el kneeboard, rodillas apoyadas, espalda recta y brazos estirados agarrando el mango del cabo, sin tirar de él: igual que en el wakeboard, quien trabaja es la lancha.
Soltando las asas a tiempo y dejándose ir hacia fuera, lejos del flotador y de los compañeros. En la banana, el golpe que más molesta es el de cabeza contra cabeza o contra la espalda del de delante, así que conviene no ir pegado del todo y, al caer, no agarrarse al vecino. En el agua, el chaleco mantiene a flote y la lancha vuelve a recoger al grupo.
Antes de subir hay que quitarse las gafas, los pendientes largos y los anillos sueltos, porque en una caída se pierden. La boca, cerrada al caer, para no tragar agua. Y después de la caída, levantar un brazo para que el piloto vea que todo está bien. Lo que conviene evitar es quedarse agarrado a un flotador volcado mientras la lancha todavía tira.
En las actividades remolcadas hay unas señales habituales para hablar con el piloto, porque con el motor no se oye nada. El pulgar hacia arriba pide más velocidad; el pulgar hacia abajo, menos. La mano plana pasando por delante del cuello pide parar. Un brazo levantado después de una caída significa que uno está bien.
Lo importante es repasarlas con el piloto antes de salir, porque es él quien las fija y puede usar alguna distinta. En la banana, conviene que una sola persona, la que va delante, sea la que hace las señales, para que no haya mensajes cruzados. Y si alguien del grupo lo está pasando mal, se pide parar sin esperar al final.
Sí, siempre acompañados de un adulto. En la banana, el niño va entre adultos o con uno justo detrás, y en el donut puede ir con su padre o su madre al lado. A cualquiera de los dos se le puede pedir al piloto que vaya suave, con menos curvas y menos velocidad, para que el niño se divierta sin pasar miedo.
La edad mínima no se da aquí en cifras: se confirma al reservar. Al llamar conviene decir cuántos niños van y qué edad tienen, para que haya chaleco de su talla. En el kneeboard hace falta saber nadar, y para un niño lo prudente es empezar por la banana o el donut con un adulto antes de probar la tabla.
Bañador bien ajustado, porque en la banana y el donut hay botes y caídas, y crema solar resistente al agua aplicada antes de salir. Nada en los bolsillos, nada en la cabeza y el móvil en tierra o en manos de alguien que se quede en la playa. El chaleco va incluido y es obligatorio para todos los que suben.
La tarde es buena hora: estas atracciones aguantan algo de ola y acabar en el agua apetece más cuando aprieta el calor. Si el día sale con mucho viento o el parte no deja salir en condiciones, la fecha se cambia sin coste. Y si el grupo quiere completar el día, se puede combinar con un vuelo de parasailing o, por la mañana, con paddle surf.
Si no está aquí, llámanos: en dos minutos te lo resolvemos por teléfono.
De cuatro a seis, sentadas en fila una detrás de otra. El donut es para una o dos personas, y el kneeboard es individual, con monitor.
Sí. Se le puede pedir al piloto que vaya suave antes de salir, y durante el recorrido se usa la señal del pulgar hacia abajo para pedir menos velocidad.
Sí, siempre con un adulto. La edad mínima se confirma al reservar, y conviene decir la edad de cada niño para que tenga chaleco de su talla.
En el kneeboard, sí. En la banana y el donut el chaleco es obligatorio y mantiene a flote tras la caída, aunque nadar con soltura da tranquilidad a todo el grupo.
Déjanos el teléfono y te llamamos. En julio y agosto conviene reservar con antelación.
Puerto Deportivo de Fuengirola, local 367. Se puede pasar y ver los barcos antes de reservar.
Sin coste. Nunca compensa salir a ver qué pasa.
Chalecos para todos los tripulantes, incluidos en el precio.