
El mareo depende de cada persona, pero también de la hora, del sitio que se ocupa a bordo y del barco. Esas tres cosas se pueden elegir antes de salir.
Para evitar el mareo en barco funciona elegir bien la hora y el sitio: salir por la mañana, cuando el mar suele estar más plano, quedarse al aire libre en el centro del barco o en la bañera, mirar al horizonte y no leer ni mirar el móvil. Comer algo ligero antes de embarcar y beber agua ayuda; el alcohol y las comidas pesadas empeoran las cosas.
Si en el grupo hay alguien que se marea con facilidad, también cuenta el barco. Uno grande nota menos el rizado que uno pequeño, y un catamarán, al apoyarse en dos cascos, apenas escora. Para una primera salida conviene un formato corto, de una o dos horas, antes que un día completo, y elegir un día sin levante.

Porque el oído interno nota el movimiento y la vista, si está fija en algo del propio barco, dice que todo está quieto. El cerebro recibe dos mensajes que no cuadran y responde con mareo. Casi todos los consejos que funcionan buscan lo mismo: que los ojos vean el movimiento que el cuerpo ya está notando.
Mirar al horizonte es la forma más directa de conseguirlo. Leer, mirar el móvil o bajar a un camarote hace lo contrario, porque los ojos se fijan en algo que se mueve con el barco y el desajuste crece. En los barcos que tienen camarotes, como el catamarán de Marbella o el yate de 31,7 metros, quien se marea tiene que quedarse arriba.
Por la mañana. En esta costa la brisa térmica entra desde el mediodía y levanta rizado, que en un barco pequeño se nota como un balanceo corto y seguido. Las primeras horas suelen tener el mar más plano, y por eso la salida para ver delfines también se hace a esa hora: con el agua quieta se distinguen las aletas.
El día que hay que vigilar es el de levante, el viento del este, aunque sople flojo, porque mete mar de fondo: ola larga que llega de lejos y que desde dentro del puerto no se ve. Antes de salir conviene mirar la previsión del mar en la portada de la web, que se actualiza cada media hora, o la de AEMET para las aguas costeras de Málaga.
En el centro y abajo. Cuando el barco cabecea, la proa es la que más sube y baja, y cuanto más alto se va sentado, más amplio es el balanceo de lado. Sentarse en la bañera, cerca del centro del barco y mirando hacia donde se navega, es lo más cómodo para quien empieza a notar el estómago.
El aire fresco ayuda, y el olor a gasolina o a humo del motor hace lo contrario, así que conviene sentarse a barlovento, del lado del que viene el aire. Si alguien empieza a encontrarse mal, lo mejor es decírselo pronto al patrón: puede cambiar el rumbo para que el barco reciba la ola de otra manera o buscar una zona más resguardada.
Algo ligero y poco graso un rato antes de embarcar. Ir con el estómago vacío no ayuda, y una comida abundante justo antes de soltar amarras tampoco. A bordo, agua a sorbos y algo seco a mano, como pan o galletas saladas, para picar si el estómago avisa.
El alcohol, mejor para la vuelta que para la salida. Con calor y sol, una cerveza a bordo se nota más que en tierra, y quien lleva el timón no bebe nada en ningún caso. El sol también suma malestar: gorra, crema renovada cada dos horas y agua de sobra evitan que el cansancio por calor se confunda con el mareo.
Cuanto más grande, mejor encaja el rizado de la tarde. Una lancha pequeña nota cada ola; un barco a motor grande la nota mucho menos. Los propios límites para salir lo dicen: con más de veinte nudos de viento solo salen los barcos grandes, porque son los que aguantan ese mar.
El catamarán es la otra opción. Apoya en dos cascos separados, así que apenas escora y se balancea menos de lado que un barco de un solo casco. En la flota hay dos: el de 11,5 metros del puerto deportivo de Marbella, para 12 personas, por horas o medio día, y el de 23,7 metros de Málaga, para hasta 100, que solo sale por evento cerrado y se reserva con semanas.
Poco. Una salida de dos horas permite comprobar cómo responde cada uno sin jugarse el día entero. Si va bien, la siguiente puede ser de medio día; si no, se vuelve pronto y nadie ha pasado cinco horas mal. Con un catamarán por horas en Marbella, la misma prueba se hace en un barco que se mueve menos.
Para un grupo con gente que se marea y gente que no, hay formatos cortos que funcionan: la salida de delfines, de una a dos horas desde Fuengirola, o una fiesta en barco de una hora. Lo que no conviene para una primera vez es un día de pesca, que sale con las primeras luces y dura de cuatro a ocho horas.
Se cambia la fecha. Si el parte no deja salir en condiciones, el cambio es sin coste, y para alguien que se marea un día de mar de fondo es el peor para estrenarse. Es mejor esperar a una mañana tranquila que salir a ver qué pasa y volver a la media hora.
La regla práctica de esta costa: por debajo de quince nudos de viento se puede hacer casi todo; entre quince y veinte se suspende el material ligero; por encima de veinte solo salen los barcos grandes. Con dudas, una llamada al 669 06 27 56 la víspera sirve para decidir con el parte delante.
Si no está aquí, llámanos: en dos minutos te lo resolvemos por teléfono.
En la bañera, cerca del centro del barco, al aire libre y mirando hacia donde se navega. La proa es la que más se mueve y el camarote, lo peor para el mareo.
Al apoyarse en dos cascos apenas escora y se balancea menos de lado que un barco de un solo casco. Hay uno de 11,5 metros en Marbella, para 12 personas, que se alquila por horas.
Por la mañana. La brisa térmica entra desde el mediodía y levanta rizado, así que las primeras horas suelen tener el mar más plano.
El levante mete mar de fondo aunque sople flojo. Si el parte no deja salir en condiciones, se cambia la fecha sin coste.
Déjanos el teléfono y te llamamos. En julio y agosto conviene reservar con antelación.
Puerto Deportivo de Fuengirola, local 367. Se puede pasar y ver los barcos antes de reservar.
Sin coste. Nunca compensa salir a ver qué pasa.
Chalecos para todos los tripulantes, incluidos en el precio.