
Una salida en kayak se decide antes de meter la pala en el agua: con quién, hacia qué lado y hasta cuándo. El mar hace el resto.
Una salida en kayak por la costa de Fuengirola se plantea con cuatro decisiones: kayak individual o doble, hacia qué lado remar según el viento, cuánto tiempo estar fuera y a qué hora salir. La regla que lo ordena todo es remar primero contra el viento y volver con él a favor, siempre paralelo a la costa y a primera hora.
El kayak no exige aprender nada antes de subir, y por eso es fácil subestimar el viento. En esta costa la brisa térmica entra desde el mar a partir del mediodía, y el terral, que sopla desde tierra, aleja los kayaks de la orilla sin que se note. Mirar de dónde viene el aire antes de salir es lo que más cuenta.

El individual da libertad: cada uno lleva su ritmo, gira cuando quiere y, si se cae, vuelve a subir solo a un kayak ligero. Es la opción de quien quiere remar de verdad o de un grupo de adultos con fuerzas parecidas. El inconveniente es que, si una persona se cansa antes, el grupo entero tiene que adaptarse a ella o volver.
El doble reparte el esfuerzo y junta a dos personas con fuerzas distintas, por ejemplo un adulto con un niño o una pareja en la que uno rema más que el otro. La persona de atrás marca la dirección y la de delante marca el ritmo; si las palas no van acompasadas, chocan. Antes de salir merece la pena ponerse de acuerdo en quién manda.
Hacia donde sopla el viento en contra. La ida se hace con las fuerzas enteras y la vuelta, que llega con los brazos cansados, se hace con el viento empujando por detrás. Con poniente, que viene del oeste, se rema primero hacia el oeste; con levante, que viene del este, primero hacia el este. Si no sopla nada, da igual el lado, pero conviene no alejarse demasiado.
La otra regla es remar paralelo a la costa y no hacia mar abierto. Cerca de la orilla hay referencias para saber cuánto se ha avanzado y siempre hay tierra a mano si algo se tuerce. Eso sí, conviene dejar margen con las boyas de baño y con la zona por la que navegan las motos de agua, que lleva su propio balizamiento.
Menos de lo que uno cree que aguanta. La vuelta siempre cuesta más que la ida, aunque el viento acompañe, porque los hombros ya llevan un rato trabajando. Un criterio prudente es dar la vuelta cuando todavía se tiene más de la mitad de las fuerzas, y no cuando se empieza a notar el cansancio, que suele aparecer de golpe.
Para la primera salida, mejor plantear un tiempo que una meta. Fijar de antemano un punto de la costa al que llegar obliga a seguir aunque el mar cambie, y ahí es donde se cometen los errores. Si se rema cómodo, siempre se puede repetir otro día; si se rema agotado, el último tramo se hace largo y se disfruta poco.
El terral es viento de tierra, del norte o del noroeste, y en verano llega caliente. Su problema es que engaña: cerca de la orilla, con las casas y la playa haciendo de pantalla, parece que no sopla, y a medida que el kayak se aleja empieza a empujarlo mar adentro. Quien no lo nota hasta que quiere volver se encuentra remando contra él.
Con terral, la regla de remar paralelo a la costa se vuelve obligatoria y la distancia a la orilla tiene que ser corta. Si al dejar de remar el kayak se va solo hacia fuera, es momento de volver. Con viento de 15 a 20 nudos el material ligero ya no sale, y si el parte no deja salir en condiciones, la fecha se cambia sin coste.
A primera hora de la mañana. El agua suele estar quieta, hay pocas embarcaciones moviéndose y el sol todavía no castiga los hombros. A partir del mediodía entra la brisa térmica y levanta rizado, que en un kayak no vuelca a nadie pero sí obliga a remar más para avanzar lo mismo y moja más de la cuenta.
Antes de salir conviene mirar la previsión del mar en la portada de la web, que enseña el viento, la ola y la temperatura del agua frente a Fuengirola cada media hora. La referencia oficial es la predicción marítima de AEMET para las aguas costeras de Málaga. Con marejadilla, hasta medio metro de ola, el kayak cabecea y cuesta más avanzar; con marejada ya no es un buen día para empezar.
Agua de sobra en una botella que se pueda sujetar, gorra, gafas de sol con cordón y crema resistente al agua, renovada cada dos horas. Una camiseta de manga larga protege los hombros, que es lo que más se quema en el kayak. El chaleco va incluido para cada tripulante y se lleva puesto todo el rato, no a los pies.
El móvil, en una bolsa estanca atada al kayak o colgada al cuello: sirve para fotos y, sobre todo, para llamar si hace falta. Conviene llevar apuntados el 112 y el teléfono de Salvamento Marítimo, 900 202 202. Llaves, cartera y todo lo que no aguante agua se quedan en tierra, porque en un kayak todo acaba mojado.
Frente a esta costa vive el delfín mular todo el año, así que no es imposible cruzarse con alguno, aunque nadie puede garantizarlo. El Real Decreto 1727/2007 fija una zona de exclusión de 60 metros alrededor de los cetáceos y prohíbe tocarlos, alimentarlos y bañarse con ellos. En kayak, lo correcto es dejar de remar, quedarse quieto y mirarlos desde lejos.
Con otras embarcaciones manda la prudencia: un kayak es bajo y se ve mal desde una lancha, sobre todo con sol de frente. Mejor no cruzar por delante de la bocana del puerto ni por zonas de salida de barcos, y si se acerca una lancha, mantener el rumbo para que el patrón sepa hacia dónde va el kayak. Las olas de su estela se toman de proa.
Si no está aquí, llámanos: en dos minutos te lo resolvemos por teléfono.
No. El kayak no exige aprender nada antes de subir. Basta con elegir bien el lado hacia el que remar según el viento y no alejarse de la costa.
Sí, en un kayak doble con un adulto, que rema detrás y lleva la dirección. Al reservar conviene decir su edad para que tenga chaleco de su talla.
Entre 15 y 20 nudos el material ligero no sale. Si el parte no deja salir en condiciones, la fecha se cambia sin coste.
Depende del viento y de las fuerzas, no de una meta fija. Lo prudente es remar paralelo a la costa y dar la vuelta con más de la mitad de las fuerzas.
Déjanos el teléfono y te llamamos. En julio y agosto conviene reservar con antelación.
Puerto Deportivo de Fuengirola, local 367. Se puede pasar y ver los barcos antes de reservar.
Sin coste. Nunca compensa salir a ver qué pasa.
Chalecos para todos los tripulantes, incluidos en el precio.