
Las dudas antes de un vuelo en parasailing son casi siempre las mismas: si se puede ir juntos, si hay edad mínima, si da vértigo y qué ponerse. Aquí van por orden.
Un vuelo en parasailing son unos doce minutos en el aire, a entre treinta y cincuenta metros sobre el mar, colgado de un paracaídas que remolca una lancha. Se despega y se aterriza desde la plataforma de la lancha, sin mojarse. Según el peso se vuela solo, en pareja o de tres en tres, y quienes esperan su turno van a bordo.
La edad mínima y los límites de peso del parasailing no son una cifra que convenga suponer: se confirman al reservar, porque dependen del vuelo y de cómo se agrupe a la gente. Por eso, al llamar, lo útil es dar la edad y el peso aproximado de cada persona. Con esos datos se decide quién vuela con quién.

Todo empieza sentado en la plataforma de popa de la lancha. El monitor coloca el arnés, que se ajusta a las piernas y a la cintura como una silla, y lo engancha al paracaídas. Cuando la lancha acelera, la tela se llena de aire y el arnés se levanta despacio de la plataforma, sin tirón brusco y sin que los pies toquen el agua.
A partir de ahí el cabo se va largando y se sube poco a poco hasta la altura de vuelo, entre treinta y cincuenta metros. Arriba se pasan unos doce minutos mientras la lancha avanza en línea recta o abre curvas suaves. Al terminar, el cabo se recoge y se baja de nuevo hasta la plataforma, donde el monitor ayuda a posarse y suelta el arnés.
Lo primero que sorprende es el silencio. A medida que se gana altura, el ruido del motor se queda abajo y lo que se oye es el viento en la tela. El arnés sujeta bien, así que no hace falta agarrarse con fuerza: las manos van en las cintas por comodidad y el cuerpo queda colgando, como sentado en un columpio grande.
La sensación de altura es distinta a la de asomarse a un balcón, porque no hay ninguna pared al lado que marque la distancia al suelo. Se ve la costa entera, la playa, la lancha pequeña allá abajo y, con el mar plano, el fondo cerca de la orilla. Hay algo de balanceo cuando la lancha gira, y es más suave de lo que parece desde tierra.
Depende del peso. El paracaídas necesita una carga adecuada para volar bien: si es demasiado poca, cuesta subir; si es demasiado, también. Por eso se vuela solo, en pareja o de tres en tres según lo que pese cada uno, y quien decide la combinación es la tripulación, con los datos que se dan al reservar y en el momento de subir.
Para un grupo de amigos o una familia, lo práctico es llegar con la idea de que las parejas o los tríos pueden cambiar. Dos personas que querían volar juntas a veces vuelan por separado, y alguien que pensaba ir solo acaba compartiendo arnés. Volar juntos tiene su gracia: se habla durante el vuelo y las fotos desde la lancha salen con todos.
Los hay, pero no se dan aquí en cifras: se confirman al reservar. El motivo es que dependen del vuelo y de cómo se combine a las personas, y una cifra genérica puede no valer para un caso concreto. Lo seguro es llamar al 669 06 27 56, o pasar por la oficina del Puerto Deportivo de Fuengirola, local 367, con la edad y el peso aproximado de cada uno y salir de dudas antes de ir.
Si va un niño, conviene decirlo desde el principio, igual que en cualquier otra actividad: el chaleco va incluido y tiene que ser de su talla. Y si alguien del grupo tiene alguna duda médica, una lesión de espalda o un embarazo, lo sensato es consultarlo antes con su médico y comentarlo también al reservar.
Bañador o ropa cómoda que se pueda mojar, porque en la lancha siempre salpica algo, y una camiseta si el sol aprieta. El chaleco va incluido y se lleva puesto durante el vuelo. El pelo largo, recogido, para que el viento no lo meta en los ojos, y crema solar aplicada antes de subir, que arriba no se puede renovar.
Lo que se queda en la lancha: gorras, sombreros, chanclas sueltas y todo lo que pueda caerse. Las gafas de sol, solo con cordón. El móvil es la duda de siempre: subirlo a cincuenta metros sin funda atada es arriesgarse a perderlo en el mar, así que lo razonable es dejar que lo use alguien desde la lancha para hacer las fotos.
Quienes esperan su turno van a bordo de la lancha, así que el grupo sale junto y vuelve junto. Desde la plataforma se ve el despegue de cerca y el vuelo entero, y es el mejor sitio para hacer las fotos y los vídeos de los que están arriba. Mientras unos vuelan, los demás van sentados y con el chaleco puesto.
Si alguien del grupo quiere acompañar sin volar, lo mejor es preguntarlo al reservar, para saber si hay sitio en la lancha y cuántas personas caben en esa salida. Desde la playa también se ve el paracaídas, pero de lejos y sin el momento del despegue, que es el que más gusta grabar.
El miedo a la altura se lleva mejor de lo que se piensa porque nadie va de pie ni tiene que hacer nada: se va sentado en el arnés, sujeto, y la subida es lenta. Para quien tiene dudas, volar en pareja con alguien de confianza ayuda mucho. Y si una vez en la lancha no se ve capaz, nadie tiene que subir.
El viento decide si se vuela ese día. Si el parte no deja salir en condiciones, la fecha se cambia sin coste. Por la tarde, cuando entra la brisa, el parasailing aguanta mejor que las tablas, y por eso encaja bien después de una mañana de paddle surf o antes de una vuelta en banana con el resto del grupo.
Si no está aquí, llámanos: en dos minutos te lo resolvemos por teléfono.
Unos doce minutos en el aire, a entre treinta y cincuenta metros de altura. A eso se suma el tiempo de salida en la lancha y el de los turnos del resto del grupo.
En el vuelo, no: se despega y se aterriza desde la plataforma de la lancha. En la lancha siempre salpica algo, así que conviene ir con bañador o ropa que se pueda mojar.
La edad mínima y los límites de peso se confirman al reservar. Al llamar, conviene dar la edad y el peso aproximado de cada persona para organizar quién vuela con quién.
Sí, se vuela solo, en pareja o de tres en tres según el peso. La combinación la decide la tripulación con los datos de cada uno.
Déjanos el teléfono y te llamamos. En julio y agosto conviene reservar con antelación.
Puerto Deportivo de Fuengirola, local 367. Se puede pasar y ver los barcos antes de reservar.
Sin coste. Nunca compensa salir a ver qué pasa.
Chalecos para todos los tripulantes, incluidos en el precio.