Una tabla de surf con motor: no hace falta ola ni saber remar, pero sí un rato para cogerle el punto al equilibrio.
Es una tabla de surf con motor: no necesita ola, no necesita viento y no hay que remar. Se controla con un mando en la mano y el peso del cuerpo.
Cuesta más de lo que parece. Los primeros minutos se van en aprender a levantarse y a repartir el peso, así que el turno de quince minutos es de aprendizaje casi entero; el segundo turno ya es disfrutar.
Se sale siempre con monitor cerca y dentro de la zona autorizada. No hace falta titulación.

Lo justo para la sesión, y ese es precisamente el motivo de que los turnos sean cortos. Una tabla motorizada consume mucho a plena potencia, y el turno se ajusta a lo que la tabla aguanta con margen.
Por eso el jet surf no se alquila por horas sueltas como un kayak. Se reserva un turno con monitor, la tabla sale preparada y se repone entre sesiones. Quien quiera más tiempo en el agua, lo que hace es encadenar dos turnos.
Ninguno previo, pero sí equilibrio. Quien haya hecho surf, wakeboard o snowboard lo pilla en cinco minutos, porque la postura es la misma y lo que cambia es que aquí el empuje viene de un motor y no de una ola.
Quien no haya subido nunca a una tabla necesita el primer turno entero para levantarse y mantenerse. No es un fracaso, es lo normal: la parte difícil es pasar de rodillas a de pie sin que la tabla se escape hacia delante.
Se parece en la postura, en el uso del peso del cuerpo para girar y en la sensación de deslizar. No se parece en nada más, y ahí está la gracia: no hace falta ola, no hace falta viento y no hay que remar para colocarse.
En una costa como esta, donde el oleaje bueno para surfear es raro, esa es toda la diferencia. Con el mar plano —el peor día posible para un surfista— es cuando mejor funciona el jet surf.
Bastante más que una tabla de surf normal, porque lleva el motor dentro. En tierra no es un objeto que uno coja bajo el brazo y se lleve andando: se transporta entre dos o con carro, y de eso se encarga el personal, no el cliente.
En el agua ese peso deja de notarse en cuanto la tabla coge velocidad. Lo que sí se nota es al arrancar: hasta que la tabla no plana, va hundida y pesada, y por eso los primeros segundos son los más torpes de toda la sesión.
Suena, aunque bastante menos que una moto de agua. Por eso la actividad se hace en la zona autorizada y lejos de las áreas de baño: no es solo por seguridad, es también para no convertir una playa tranquila en una pista de motor.
Esa distancia obligatoria tiene además una ventaja para quien va sobre la tabla. Lejos de la orilla el agua está más limpia de bañistas y de embarcaciones pequeñas, y se puede coger velocidad sin ir mirando a los lados cada dos segundos.
Con el agua plana es cuando mejor funciona la tabla, así que la marejadilla complica el aprendizaje bastante más que en una moto de agua. Sobre una tabla, cada ola es un desequilibrio que hay que corregir con el cuerpo.
Con mar de fondo el turno se pospone o se cambia de hora, normalmente a primera hora de la mañana, que es cuando el agua suele estar más quieta. Salir con mala mar en la primera sesión significa gastar el turno cayéndose sin llegar a coger la sensación.
Es una actividad motorizada y con equilibrio, así que no está pensada para niños pequeños. Los menores solo pueden participar con la autorización de un adulto responsable y siempre que tengan el tamaño y la fuerza para manejar la tabla, cosa que se valora en el momento.
Para adolescentes con experiencia previa en surf o wakeboard suele funcionar muy bien. Para los más pequeños, la alternativa dentro del mismo puerto es el kneeboard remolcado o el kayak, que dan la misma diversión sin exigir nada.
| 15 MINUTOS | TARIFA |
|---|---|
| 1 persona | consultar |
| 2-3 personas | consultar |
| 4-5 personas | consultar |
La tarifa se confirma al reservar. Llámanos y te la decimos en el momento.
Si no está aquí, llámanos: en dos minutos te lo resolvemos por teléfono.
Una tabla de surf con motor. No necesita ola, no necesita viento y no hay que remar: se controla con un mando en la mano y el peso del cuerpo.
Cuesta más de lo que parece. Los primeros minutos se van en aprender a levantarse y repartir el peso, así que el primer turno es casi todo aprendizaje.
No. Se sale con monitor cerca y dentro de la zona autorizada.
Si vienes con ganas, dos. El primero es para cogerle el punto y el segundo para disfrutarlo.
Déjanos el teléfono y te llamamos. En julio y agosto conviene reservar con antelación.
Puerto Deportivo de Fuengirola, local 36. Se puede pasar y ver los barcos antes de reservar.
Sin coste. Nunca compensa salir a ver qué pasa.
Chalecos para todos los tripulantes, incluidos en el precio.